Los seguidores de Silvio Rodríguez reconocerán este verso dentro de una de sus canciones.

No quisiera añadir esta duda al largo listado de interrogantes que nos asaltan a todos en este extraño presente y sobre el siempre inédito futuro.

Como afirmo muchas veces a mis alumnos del instituto, no esperéis a que os dé la respuesta a esta pregunta desde el punto de vista sanitario o macroeconómico. Sencillamente porque no la sé.

Lo común, es aquello que compartimos y que en el momento actual tiene mucho más que ver con temores que con certezas. Pero también ha de ser común la esperanza.

Pero sí me centraré en ese espacio común que es la música y que de alguna manera también está en debate.

Por común no debe entenderse de nadie. Una canción parte siempre del esfuezo y del talento de un creador. Como tal ha de ser reconocido y recompensado. No digo solo económicamente, que también, sino al menos social y humanamente.

No voy a descubrir ahora las enormes brechas económicas que ahora más que nunca existen entre las distintas creaciones culturales dentro del mundo del arte en general y de la música en particular.

Los que hacemos y escuchamos otras propuestas distintas a las habituales de los medios de comunicación de masas (donde hay de todo, mejor y peor) sabemos de la gran riqueza y diversidad artística que existe entre muchos profesionales de la música que emocionan con sus propuestas musicales en directo y en producciones independientes y que son los que en el momento actual están más amenzazados.

Sí que quisiera pedir una reflexión en cuanto a esas diferencias estéticas y en cuanto a la calidad a veces no tan distante de lo que se vende por la industria. Difícil es universalizar esos criterios estéticos, pero sí me resisto a no dar respaldo y notoriedad a tantos y tan buenos autores e intérpretes de canciones y a dar por bueno lo que nos colocan en los canales oficiales y en las plataformas musicales, es decir, lo de todos los días...